Cafayate, sepultura de las penas en lengua cacana, es el corazón del vino salteño. La ciudad, con su iglesia del siglo pasado, sus calles arboladas y sus amplias casonas, tiene lo suyo. Sin embargo, no hay dudas que la gracia está en sus alrededores, donde entre viñedos y bodegas bulle la vida y nace el famoso vino torrontés.
Para llegar a esta tierra de Baco se bordea el río de las Conchas, uno de los tantos nombres que se le da al Calchaquí. Son kilómetros y kilómetros donde no se ve ni una sola población. Alemanía, un pueblo que parece romper con esa regla, está desértico, fantasma. Sin embargo, todo el atractivo está las curiosas formas que la erosión talló en el camino: El Sapo, El Fraile, El Obelisco, La Garganta del Diablo -merece la pena meterse dentro-, El Anfiteatro, Los Castillos.
Visitar una bodega ayuda a comprender el complicado proceso que transforma la uva en vino y es una excelente oportunidad para degustar distintas variedades y cosechas.